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Tengo un hijo muy perezoso ¿Qué hago con él?

martes, 26 de julio de 2011

Desde muy pequeños los hijos pueden ser perezosos y pueden seguir siéndolo incluso cuando son adolescentes que permanecen en casa de sus padres. Si viven independientemente y son perezosos ya es su problema, aunque esa actitud siempre salpicará a sus familiares. Algunos hijos perezosos convierten a sus padres en imbéciles ante la sociedad, pues les convencen de cualquier cosa inverosímil para que justifiquen la vagancia de sus hijos. Suelen aparentar el estar cabizbajos y meditabundos para producir pena en sus padres. Pero muchas veces toman esa postura para no hacer nada y así que les dejen en paz 
Ser perezoso suele ser una actitud arraigada en el hijo, si se ha producido por una mala o muy protectora educación y no por un desarreglo emocional. La mayoría de las veces el hijo es vago porque los padres lo han permitido, por lo que ellos también lo sufrirán. Si no modifican esa actitud, se le irá consolidando poco a poco en la mente, hasta que se convierte en un grave defecto muy difícil de corregir. Está íntimamente relacionado con la pereza y la indolencia, tiene como contraposición varias virtudes y valores humanos como la diligencia y la laboriosidad.

 

20 CONSEJOS A LOS PADRES CUANDO TIENEN HIJOS PEREZOSOS

1. Aceptar que la educación sobre protectora, blanda, negligente o severa en exceso, hace que el hijo perezoso sea cada vez más vago.

2. Apoyar una estrecha unión con los maestros, familiares, sacerdotes y tutores para formar un frente común, evitando que haya la mínima dispersión o grieta en las instrucciones que dan a los hijos, pues el hijo vago va a intentar por todos los medios valerse de cualquier subterfugio para no cumplir con sus obligaciones y buscar disculpas aprovechando una posible confusión entre los padres o educadores. Seguro que aprovechará la buena voluntad o errores de sus educadores para salirse con la suya de no cumplir con sus obligaciones.

3. Comprender que un hijo sea perezoso no quiere decir que sea torpe, al contrario, la mayoría de las veces son muy inteligentes, pues tienen que aplicar todo su ingenio o astucia para no hacer lo que tienen que hacer, aplicando la ley del mínimo esfuerzo.

4. Encargarle pequeños trabajos familiares con motivaciones, objetivos claros y alicientes que compensen sus esfuerzos. Desde que los hijos son muy pequeños enseñarles a cumplir solos con sus obligaciones personales, como el vestirse, lavarse, comer, ordenar la habitación, etc. Poco a poco irles encomendando otros recados o responsabilidades familiares, como el poner la mesa, ayudar en la limpieza, etc. Enseguida se irán dando cuenta que están ocupados, que tienen que colaborar con la familia, que tienen que obedecer y que no tienen tiempo para hacer el perezoso.

5. Estar al tanto de cómo los síntomas del hijo vago se van manifestando en muchos aspectos, en función de la edad y características de cada hijo, como: Tener desordenada la habitación, revueltos los objetos personales como libros, juguetes, ropas, etc., abandono de su higiene personal, desaliño en la vestimenta y aspecto externo, levantarse tarde, pasarse el día delante del televisor o de las pantallas electrónicas, ser impuntual, ignorar las tareas escolares, obtener malas calificaciones escolares, olvidarse de cosas elementales, etc.

6. Estar muy alertas los padres para ayudar a que el hijo no sea contagiado por los intereses de algunos medios de comunicación; periódicos, revistas, TV, radio e Internet, pues ponen mucho énfasis en proclamar contravalores humanos, los cuales están íntimamente asociados con las actitudes de los hijos vagos: La descompensada exaltación del ocio frente al trabajo, la desvalorización del esfuerzo, la obtención del éxito fácil y a cualquier precio, la dispersión en los objetivos a alcanzar, la intolerancia y frustración hacia las cosas que suceden, la incitación al consumo junto al quererlo todo aquí, ahora y primero yo, más un largo etcétera.

7. Evitar que haya una influencia negativa familiar que se suele producir cuando hay graves desavenencias personales entre los padres, así como cuando trascienden sus desacuerdos en la forma de educar a los hijos, su desconexión con la escuela o cuan es patente la falta de cantidad y calidad del tiempo dedicado a acompañar y a educar a los hijos.

8. Fomentar la conexión entre la escuela, la familia y la Iglesia por todos los medios posibles, pues ellas brindan importantes herramientas educativas para prevenir y remediar un asunto tan complejo, pero desgraciadamente muy presente en muchos hogares.

9. Hacer un análisis en profundidad de sus actitudes relacionadas con la educación que han dado a su hijo en las virtudes y valores humanos. Buscando las causas, bien sean médicas, familiares o sociales por las que su hijo es perezoso, para poder poner en práctica las soluciones

10. Ignorar las falsas disculpas de que el hijo ha salido genéticamente «perezoso como su abuelo o su tío paterno o materno» Sencillamente el hijo está enfermo, no está bien educado o está muy consentido.

11. Los padres no están solos, tienen unos extraordinarios aliados naturales con los que deben sumar esfuerzos en beneficio de los hijos para la prevención y en su caso solución de los problemas. Por ejemplo: Otros familiares que hayan demostrado conocimiento, experiencia y seriedad en la educación, los maestros, sacerdotes, pastores, rabinos, imanes, escuelas para padres, equipos multiprofesionales, etc. Sin olvidar los innumerables y fantásticos libros y revistas especializados en educación de los padres y de los hijos, páginas de Internet, programas de TV y de radio, etc. Aunque los padres conozcan perfectamente a sus hijos, hay otros que conocen a muchos más niños y jóvenes y que además pueden ver aspectos, que los padres no se percatan por exceso de cariño o por falta de formación.

12. Mantener el plan previsto por encima de las posibles desavenencias educativas entre los padres, la desconexión con los maestros, y la lucha contra los efectos exógenos que produce la sociedad en el hijo vago, para que de la buena y rápida consecución del plan, salgan las nuevas costumbres que se convertirán en hábitos saludables y posteriormente en la práctica continua de las virtudes y valores humanos.

13. No consentir el cuestionamiento continuo y sistemático del hijo que quiere evitar cumplir las órdenes o sugerencias que les den sus padres, maestros o familiares con autoridad sobre ellos. Pues nunca suelen aceptar enfrentarse a tener que cumplir sus tareas.

14. No dejarse seducir por los mensajes que emite continuamente la sociedad permisiva a la familia y a su entorno. Ese tipo de sociedad perniciosa acorrala, aísla, desorienta y seduce a los padres, si estos no tienen una buena formación educativa en las virtudes y valores humanos. De ahí la insistencia en que los padres tienen que tener una formación continua, pues su obligación ineludible es la de educar a sus hijos y estar muy atentos a todo lo que acontece alrededor de la familia.

15. No permitir que el hijo vago desaproveche o derroche los recursos familiares o económicos que los padres ponen a su disposición, para que solucione su futuro profesional, cuando esos recursos bien administrados podrían beneficiar a toda la familia.

16. Preguntarse, cuándo, dónde, cómo, cuánto, por qué y para qué el hijo es asi. Son preguntas que les servirán para encontrar soluciones que ayuden a modificar el comportamiento vago de los hijos. A partir de la obtención de las respuestas y en función de las edades y situación de cada hijo, sus puntos fuertes y sus puntos débiles, deberán preparar un plan para conseguir el objetivo de corregir su actitud, así como los controles de funcionamiento de dicho plan.

17. Preparar un plan de actualización de la educación que han dado al hijo perezoso de acuerdo con las respuestas a las preguntas anteriores, a su edad y características. Ese plan deberá prever la enseñanza y puesta en práctica de las virtudes y valores humanos relacionados con su caso, para contrarrestar la vagancia que tiene. Estará diseñado para cumplir los objetivos propuestos de cantidad y calidad, tanto personales como los relacionados con los otros componentes de la familia, la escuela, la Iglesia, las amistades y con el círculo que componga su sociedad. El plan determinará las tareas concretas junto horarios de comienzo y terminación, así como los premios y castigos.

18. Proteger a los demás miembros de la familia de las irregularidades que en la vida familiar produce el hijo vago, ya que los demás tienen que hacer las cosas que el hijo perezoso consciente o inconscientemente, no hace.

19. Resolver la educación del hijo vago a base de tener muy buena educación de los padres y pedir consejo a los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes que son los que más experiencia tienen en solucionar estas situaciones.

20. Tomar medidas para corregir a los primeros síntomas de que el hijo no hace bien y rápidamente lo que le mandan, o cuando intenta buscar subterfugios para evitar hacerlo, examinando previamente las causas que motivan esa actitud, para afrontar la situación con claridad y sentido común.
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